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miércoles, 17 de octubre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: De los libros


 

Se dice que al nacer, sólo traemos a este mundo, como única vestimenta, la piel que nos cubre.
Lo demás, nuestro cuerpo, nuestra mente, están ahí, casi sin usar.
La vida a vivir, de a poco, nos irá dando forma y nuestro cuerpo crecerá y se irá desarrollando a la par de nuestra mente, y seremos nosotros los que le demos el uso, correcto o no.
Depende de nosotros y de nadie más.
Se dice también que con el primer latido, y sin que nos demos cuenta, se nos entrega  un libro completamente invisible con todas sus hojas en blanco, de forma que queden registrados en el transcurso de esa vida que comienza, todos nuestros actos, los buenos y los otros…
Del lado izquierdo habrán de registrarse sistemáticamente y sin que lo advirtamos todo lo bueno, puro y noble que hagamos, y del otro lado -el derecho- lo otro, lo demás, lo que no tiene ningún valor ni mérito.
En ese libro, todas las anotaciones se registran por sí solas, sin nuestra ayuda, tal vez para que no agreguemos en el lado izquierdo alguna virtud que no tuvimos nunca, ni tampoco para que del otro lado -el derecho- tratemos de suprimir o corregir algún error en la “creencia” de que no fue tan malo y está escrito de más.
Pero llegará el día, inexorablemente, con el paso del tiempo, en que nos encontraremos al final del camino con toda una vida vivida, con la misma piel y con el mismo libro del comienzo… sí, pero ya no con las hojas en blanco, porque estará todo registrado del lado izquierdo y del derecho.
Es el resultado final, el momento en que una sonrisa, calma y serena, nos dirá de nuestros aciertos, o puede ser también el momento de reconocer nuestros errores, si los hubo.
Si hubiéramos sabido de antemano ese final, podríamos haberlo cambiado, pero ya será tarde, sólo nos queda pensar que todo pudo ser mejor y no lo fue y hubiéramos hecho todo lo posible para que no estuviese escrita ni una sola palabra del otro lado -del derecho-
Si debemos pedir perdón, debemos empezar ya.

Más relatos sobre libros, en lo de Rochie

miércoles, 10 de octubre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: El Teléfono



Hay veces en muchos momentos de nuestra vida por al que transitamos, que notamos que hay algo que suele aparecer de improviso en ciertas circunstancias, sin ninguna premeditación, algo así como un vacío que lastima y acobarda.
Se llama soledad.
Entonces, por alguna causa ajena a nuestros deseos, nos sentimos separados de los demás,  amigos, conocidos, familiares, y descubrimos de improviso que estamos solos, completamente solos, sin ninguna compañía  que nos ayude a seguir adelante.
Sentimos de golpe que estamos y vivimos desubicado de todo, en medio del mayor desconcierto y nos demos cuenta que ese tipo de soledad que tanto nos duele, se debe a nuestra exclusiva culpa, de tal manera que no corresponde acusar a nadie de la falta de afectos con que nos encontramos y comprendemos que no se trata de que los demás nos hayan abandonado en sus pensamientos y lo que es más importante, en su estima.
Muchas veces -cuántas!- vemos que la equivocación es nuestra y de nadie más y aunque nos cuete, tenemos que aceptarla.
Notamos de golpe, cuando razonamos, con calma, que de nuestra parte no apareció ni un momento de lucidez para comprender que somos nosotros nos hemos olvidado de hacer llegar en su momento una sola palabra de cariño y amistad a quien corresponda, de ese mismo afecto que desearíamos que nos llegara departe de los demás y que no llegó, pese a saber que nuestra amistad sigue estando intacta.
Hubiera bastado una sola cosa, muy valiosa, muy pequeña, un simple llamado telefónico de nuestra parte, nada más que eso, un simple llamado para no sentirnos culpables de nuestro desamor y olvido hacia los demás.
Tal vez hoy nos parezca que sea muy tarde para darnos cuenta, pero aún queda tiempo para corregirnos.
Hasta el camino más largo comienza con el primer paso.
¡Y cuesta tan poco cambiar!
¿O preferimos ser como fuimos y seguir cometiendo los mismos errores?



Más relatos telefónicos en lo de María José

martes, 2 de octubre de 2012

RECUERDOS DE UNA ESQUINA


San Luis y Juan Manuel de Rosas



Una mañana cualquiera. Sol. Una esquina elegida al azar, y allí, como en un imaginario atalaya, comenzar a mirar para ver en un policromo conjunto, el reflejo del diario vivir, en un incesante desfile de cosas. Cada una con su vida propia encadenada una tras otra en un continuo seguir.
Un ciclo tras otro en fantástica procesión que no deja ver ni principio ni fin a todo cuanto la compone.
¿cuántas cosas pueden verse?...es infinito el muestrario, son movidas y llevadas por un viento invisible que las desparrama, las separa y las vuelve a reunir, en la misma rutina de siempre, de todas las horas y de todos los días.
Mirando hacia un lado cualquiera de la esquina, esas cosas pueden verse entremezcladas en medio de un desorden que parecería que no tiene lógica ni sentido, porque es algo comparable al vuelo continuo de mil gorriones que se cruzan, van, vienen, pero que, observando con cuidado, se ve que todo tiene un punto de partida, una ruta prefijada y un destino delineado.
¿y qué puede verse?...por un lado, es encontrarse con la prisa tempranera matinal de algunos guardapolvos blancos que corren presurosos a la escuela en un postrer intento de llegar a tiempo, ganándole a la campana que quiere llamar.
¿y todo por qué?...por ese ingenuo e inocente deleite de disfrutar de algún minuto más en la tibieza del lecho que les dio ese calorcito tan compañero, tan amigo de su piel y de sus cortos años.
Y allá van por su camino, llenos de un querer llegar a tiempo, mientras que en sentido contrario, como contraste, el paso lento y vencido de ese anciano que por rara paradoja, desprovisto de toda urgencia, va en busca de su lugar en alguna plaza o en el sitio acostumbrado de reunión en demanda de ese pedacito de sol cotidiano que ya forma parte de él.
¿y por qué apurarse?...¿acaso no lo hizo tanto cuando fue necesario, durante una vida para cumplir con una obligación?
Pero todo se compensa. Otro, en su lugar, por rara coincidencia, más joven, quizás, pero como recogiendo una posta imaginaria, vuelve a hacer lo mismo que aquel hizo antes, años atrás, y va a su destino esbozando una mueca amarga de un cansancio que empieza a despertar y que habrá de acompañarlo por siempre hasta que llegue el momento -todavía lejano- de buscar, él también, su cuota diaria de sol.
Pero no para la vida en esa esquina, palpita en una legión de chicos corriendo en pos del alocado vaivén de una pelota esquiva que va de pie en pie, en un eterno desafío para ver quién puede sentirse su dueño y dominarla a voluntad. Gritos, un derrochar de energía y correr y correr sin pensar en otra cosa, sin ocuparse de un mañana, de ese mismo mañana que está siendo el tema obligado de esos novios que transitan entre tantas corridas y entre tantos gritos, que no alcanzan a tapar sus cuitas y sus eternas promesas de amor, ajenos por completo del resto de cuanto allí sucede. Están también, a modo de un enorme marco que rodea a todo cuanto pasa, esa larga fila de árboles que hoy pueden ver caer sus hojas como en un eterno adiós y que habrán de renovarse en su momento, en las nuevas, que brotarán verdes y lozanas para volver a ocupar en otro ciclo el mismo lugar que otra semejante vivió su corta vida antes de caer para siempre sobre las baldosas.
¿y qué no decir de esas misas baldosas, donde tantas hojas cayeron? ¿cuántos sueños nacieron sobre ellas, y cuántos murieron sin alcanzar a nacer siquiera?
¡Una esquina! Una esquina puede llegar a ser una galera mágica de la que se extraen todo tipo de personajes que parecen darse cita para reunirse en el mismo lugar.
¡la obligada barra de la esquina! ¿pudo haber alguna vez conjunto más parlanchín y vocinglero que esa barra que desgranó en la esquina todo cuanto tema fue presentándose en cada etapa transcurrida de la vida? En esa esquina que fue el segundo hogar, la primera escuela ¿quién no la integró a alguna vez? Pudo ser en un juego de rayuela o luciendo orgulloso un barrilete, fue seguir creciendo y sucederse en una extraña mezcla de cigarrillo, sueños, romance…lugar obligado de la primer cita amorosa ¡de aquel primer beso robado! Y también, por qué no, de la primer desilusión. ¿de qué cosas supo ser testigo? ¡de tantas! Si hasta pareciera que en las paredes que le dan forma quedaron grabados para siempre hechos y recuerdos que pasaron dejando su marca inalterable pese al paso del tiempo y ahí, con ella, están juntos en nuestra memoria, los mejores momentos vividos…esos que nos hacen decir de grandes ¡cuánto pudimos hacer de chicos!
Es un ayer y hoy amalgamándose en un recuerdo que no muere a través de los años, siempre vigente, que nos hace detener -a veces- y mirar en el tiempo, hacia atrás, recordando…porque no debe haber sitio que se preste más a la nostalgia que esas dos calles que se cortan formando una gigantesca cruz y que agrupan en una esquina -por la que anduvimos y pasamos- lo que no puede ser más simple…pero no por eso, menos profundo…un ayer, una lágrima y un adiós estampados como a fuego por siempre y para siempre.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Mirada retrospectiva




Sucede a veces cuando sin querer, o queriendo, echamos una mirada al ayer que hemos vivido, podemos recordar cosas y detalles que creímos olvidados y en forma inexplicable, surgen de nuevo, como si volvieran a tener vida otra vez.
Son recuerdos que brotan de improviso, algunos gratos, alegres, risueños y también otros -muchos o pocos- que no merecerían ser revividos pero, a nuestro pesar, nos siguen acompañando permanentemente.
Muchas veces quisiéramos -de poder elegir- que alguno de ellos, los mejores, los buenos, se quedaran para siempre junto a nosotros de manera que nunca nos faltase esa sonrisa nostálgica que ha pesar del tiempo que pasó, nunca se borró y se quedó junto a  todo aquello hermoso que hubo, que ya no está y que tanto añoramos.
En esa mirada retrospectiva que hacemos, notamos que hay dos grupos de recuerdo: unos, con ciertos momentos -los malos- que no debieran estar presentes y aún están- y el otro, el bueno, ese que debiera aferrarse a nuestra piel para siempre, ese que se fue, ese mismo que pasó de largo para nunca más volver.
Por todo eso, HOY, o mejor dicho AHORA es que tenemos que tratar de disfrutar -por corto que sea- de ese AHORA para vivir lo que nos queda olvidándonos de todo lo bueno que pudo ser y no lo fue y con el pensamiento y el deseo de todo lo bueno que pueda venir si ese mañana llega.
HOY -AHORA- es lo que vale.
Lo otro, lo que quedó atrás ya fue y terminó.
Alguien dijo alguna vez:
AHORA. MAÑANA ES LA MENTIRA PIADOSA CON QUE SE ENGAÑAN LAS ALMAS MORIBUNDAS.
Es una gran verdad.
AHORA -HOY- es el momento ideal para empezar.
Manos a la obra. 

Más relatos en retrospectiva en lo de Pepe

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: TEATRO, MÁSCARAS Y APARIENCIAS



En toda función de teatro, donde se interpretan distintos tipos de obra, con el lógico deseo de que todo se desarrolle en forma correcta, hay un sinnúmero de detalles que se deben tener en cuenta para el buen entendimiento de la obra a interpretar.
Todo se estudia, se prueba, se analiza: las luces, la lectura del texto, el vestuario, de forma que el público asistente determine si fue correcto o no el espectáculo ofrecido.
Eso, en una obra de teatro, en al vida real, hay otro tipo de representación escénica, con máscaras y apariencias pero con sólo un protagonista; es alguno de nosotros, uno sólo, nadie más ...y comienza la función.
No hacen falta luces, ni decorados, ni nada más. Estamos en el escenario solos, nuestra actuación –la que mostramos- es personal.
Tenemos muchas máscaras para usar según el papel a desempeñar, según haga falta en la comedia de esa vida falsa que vivimos. Pero por suerte, conseguimos despertar de ese sueño equivocado, nos damos cuenta que hay otra forma de vivir, más simple, sin engaños, sin máscaras, sin maquillaje y sin la necesidad de aparentar cosas irreales y equivocadas ante los demás.
Debemos ser nosotros, como somos, con un solo fin, llegar a merecer el aplauso verdadero de la gente que nos rodean, testigos fieles y directos de nuestro comportamiento. Dejemos de lado para siempre las máscaras, las falsas apariencias y toda actuación teatral.
¡Así debemos vivir!
¡Como debe ser!
De otra forma es un engaño.


Más relatos teatralizados en lo de Neogéminis

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: "Ojo por ojo"



Lamentablemente nos ha tocado vivir momentos muy difíciles donde nuestra tolerancia y paciencia, más la falta de respeto hacia nuestro prójimo ha hecho posible, como cosa común y corriente, el actuar con decisiones tomadas a la ligera, que nada solucionan, y los problemas que debían ser aclarados, siguen sin resolver.
Esa forma indebida de razonar con ciertos argumentos sin consistencia, sólo ha servido para que en nuestras decisiones prevalezca siempre la ira y hasta se llega a devolver odio por odio cuando -llegado el caso- en la primer palabra que escuchamos, nos parece que hay una ofensa escondida y devolvemos “golpe por golpe” aunque nadie nos haya pegado.
Cuando escuchamos decir “si te golpean en una mejilla, pon la otra” en forma repentina brota de nuestra parte un tipo de “rechazo” que no debiéramos tener nunca y decimos cosas que no debieran decir ni pensarse.
Llega un momento en que la más pequeña frase o palabra de consuelo pareciera no tener valor, y una caricia de nuestra mano puede llegar a ser considerada un gesto en desuso, que no nos permite demostrar que sabemos y queremos perdonar si nos ofenden.
Así, con ese tipo de creencia, no se puede ni se debe seguir viviendo.
¡Así, no, “ojo por ojo, diente por diente”!
No, no y no.
Ni ahora, ni mañana, ni nunca.


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miércoles, 5 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: RELACIONES (250 palabras)

* Si bien la consigna era comenzar con una frase determinada, me tomé la libertad de utilizarla no como inicio, sino destacada dentro del relato.



Muchas veces no nos damos cuenta de la soledad en que vivimos y llegamos a creer, equivocadamente, que la vida es solamente una sucesión de horas y días que van pasando a nuestro lado y nada dicen,
Son períodos vacíos que atravesamos y que sin darnos cuenta se van amontonando ante nuestra total indiferencia.
Son esos momentos huecos que no dejan huellas ni recuerdos, nada nos sirve, nada vale, y los días en que creemos vivir, son tan grises que lastiman.
Todo se abandona, en nada se cree, todo nos parece igual; es un muestrario de tristezas, de apatía…
Nada nos despierta el más mínimo interés y hasta llegamos a lo peor, cuando sentimos que estamos perdiendo la fe y falta poco para hundirnos en un total abandono, en todo: sentimientos, pensamientos, que nos pueden ayudar en un futuro, aunque lejano.
Hasta llegamos a sostener que el amor no existe, que es una cosa absurda y que todo es mentira.
Pero afortunadamente, algo sucede en forma inesperada, que hasta nos hace desconfiar, creyendo que es apenas una fantasía, algo irreal.
Pero después de tantas dudas y desconfianzas, aparece algo así como un milagro que nos permite ver que todo ha cambiado.
Yo pude comprobar, de golpe QUE DESDE EL MISMO INSTANTE EN QUE TE VI, SENTÍ QUE ME HABÍA ENAMORADO.
Ahora sonrío, ahora soy otro, no necesito más.
¡Te encontré! -así de simple-
Ahora soy otro.
Ahora sonrío.
Ahora lo sé y puedo decirlo a gritos ¡ya no estoy solo! Ahora somos dos.





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