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miércoles, 19 de diciembre de 2012

ESTE JUEVES, EL TÍTULO DE MI BLOG

CARTAS QUE NUNCA FUERON ENVIADAS



Hay muchas, tal vez, que fueron escritas en su momento, como consecuencia de algo repentino que sucedió en mi vida, pero distintos motivos frenaron su envío y esas cartas quedaron solas y abandonadas en un rincón.
Otras veces, con todo mi entusiasmo, fueron escritas y a último momento me pareció que algo faltaba y busqué las palabras, esas que sentía ausentes, que no querían aparecer, y todo quedaba abandonado.
Ese empuje inicial ya no estaba y todo el valor que podía haber en mis escritos, desaparecían, nacieron las dudas y las cartas aquellas quedaron sin vida.
Hubo otros momentos en que creí haber encontrado las palabras justas y necesarias para hacerme entender y la timidez que en ese momento apareció, frenó aquellas ganas y lo que creí que era una verdad sincera y pura, ya no tuvo consistencia. Hubo algo, como un miedo, que la contuvo y aquel papel que había empezado a usar, quedó en blanco y todo se borró.
Querer decir y no saber cómo escribirlo y empezar una y otra vez, y las palabras me parecían torpes. Temas que buscaban, no aparecían y otra vez el papel seguía en blanco.
Si buscara debajo de mi piel todo aquello que quise escribir en una carta y no pude, me preguntaría qué era lo difícil, el sentir algo y escribirlo, o el no saberlo escribir.
Y otra vez, debajo de esa piel, había un sin fin de cartas escritas, sólo faltaba ponerlas en un papel, y no supe, y nuevamente ese papel en blanco siguió vacío y ni hay una letra que pudiera leerse, habiendo tantas por poner.
Me pregunto ¿sirve de algo sentir lo que se siente?
Me pregunto ¿todo toma valor cuando escribimos?
Me pregunto ¿no basta tener la satisfacción de saber valorar lo que pensamos?
Me pregunto ¿si no supiera escribir, no tendría sentimientos?
Y llegué a una conclusión: el mérito no está en enviar una carta, lo que importa es la carta sentida por uno, aunque no llegue. Y lo más importante está en saber que hay temas de sobra para escribir.
Finalmente pienso en qué sería nuestra vida, sino tuviéramos tema sentido para escribir.

Más relatos jueveros en lo de Gustavo

martes, 18 de diciembre de 2012

Deseo navideño


El almanaque nos anuncia que faltan pocos días para celebrar - como siempre lo hemos hecho - los tradicionales festejos de Noche Buena y Navidad.
En ese poco tiempo que queda por llegar trataremos nuevamente de hacer un simple y rápido resumen de todo lo vivido - malo o bueno - que sucedió en el transcurso de ese año que se va yendo, de a poco, pero que se va. Y notamos que no podemos mejorarlo sabiendo, desde ya, que casi nada resta.
Nuestra memoria no da para tanto y puede haber muchas omisiones u olvidos.
Ya es tarde, muy tarde, simplemente lo pasado, ya fue. Quedó todo en el ayer y ese ayer, no se repite. Sencillamente se fue.
Nos queda muy poco tiempo para planificar ese mañana - que Dios mediante - esperamos que llegue, pero es tanto el bien que tendríamos por hacer que aunque nos sobrara voluntad, siempre nos faltaría tiempo. Y nos damos cuenta de golpe, que acuden a nuestra mente, todas aquellas cosas que debimos hacer y no las hicimos. Todas esas palabras afectuosas de amistad que debimos decir, y que todavía siguen encerradas en nuestro silencio sin haber sido dichas.
De ese sencillo apretón de manos que no dimos, de ese abrazo que quedó trunco y que no terminó de nacer. de esa ofensa - involuntaria o no - que dijimos y quedó en el aire y que todavía vive, esperando ese perdón pendiente que no pedimos, para borrar ese mal recuerdo que aún nos separa.
Por eso, por esa magia que deberían tener todas las Nochebuenas y Navidades, pedimos que siga vivo ese deseo que brota de nuestro corazón y que todavía está vigente y nos acompaña siempre.
Alcemos entonces nuestras copas y dejemos que unas pocas palabras puedan transmitir nuestros mejores sentimientos.
Una frase corta que resume mucho:
¡Muchas felicidades y un abrazo grande!
Eduardo.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: " A la luz de una vela"



Recuerdo que hubo veces en que me pregunté cómo habría sido tener ganas de escribir cosas con la poca luz que puede dar la pequeña llama de una vela o, también, como se dice, a la luz de un candil.
Debo reconocer que creí alguna vez que la luz de esa vela me daba motivos para la escritura ya que permitía poder ver lo que iba escribiendo y no alcanzaba a entender cómo se podía plasmar en palabras todo mi sentir con la semi oscuridad  que me envolvía.
No había descubierto todavía que la verdadera luz estaba en la idea que se encontraba guardada en mi mente y también en mi corazón.
Fueron momentos en que pensaba que no puede escribirse nada cuando falta la luz que tiene que iluminar el papel a usar; esos mismos momentos que algún tiempo después hicieron que comprendieron que la verdadera luz es la que llevamos dentro, esa que está pronta para surgir y dejarnos enseñanzas, la que nos marca el camino a seguir, la que educa, la que acompaña nuestros sueños y los ilumina.
Tener la suerte de saber que somos dueños de esa luz, que podemos disfrutarla en los momentos difíciles, cuando buscamos la verdad, esa que todavía no entendemos.
Tener la suerte de ver que esa luz tan mágica sirve a nuestro alrededor para guiarnos, a nosotros y a quienes nos acompañan.
Darnos cuenta que encontramos lo que nos aleja de ciertas oscuridades que tanto mal pueden causarnos, y por suerte sirven para poner una distancia -la necesaria- para que nada nos lastime y perjudique.
La lista de bondades que nos da esa luz es interminable, por eso nuestro mayor cuidado tienen que estar en el deseo permanente para que nunca se apague.
No es necesario que esa luz tenga la fuerza de una hoguera, basta con que esté, por chica que parezca, pero que esté viva, y nos ayude a que podamos sentir que vivimos todavía.
Y nos damos cuenta de golpe que para defender un ideal no es necesaria la estridencia con que lo gritemos, muchas veces, la razón descansa y se nutre en el más débil de los murmullos que llevamos bajo la piel.
Hay fuegos que necesitan espacio para que se noten, hay otros tan chicos que apenas sí se ven, pero están. Es la enorme virtud que tiene la luz de esa vela que debe vivir a nuestro lado, esa que apenas puede verse, pero está.
Y eso es lo mejor, lo que no tiene precio, lo que vale ¡está!
Simplemente está.

más lucecitas de vela en lo de Encarni

jueves, 22 de noviembre de 2012

ESTE JUEVES, ARTE PARALELO

video

Nota: antes de escuchar, apagar el reproductor de música al pie de la página

(sepan disculpar las desprolijidades, es la primera vez que armamos un video de estas características)
Más arte paralelo en lo de Gastón

miércoles, 14 de noviembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: Una de tres


Título elegido: Quimeras del tiempo ido

Muchas veces -cuántas- decimos que todo tiempo pasado fue mejor.
En esos casos la nostalgia que muestran aquellos momentos vividos que se fueron, nos han dejado una serie de recuerdos, muchos de ellos -los gratos- que nos permiten que se revivan una y otra vez, instantes donde quedaron marcados cosas y detalles de una enorme dimensión, a tal punto que sentimos que se agrandan y valorizan más a pesar que ya no están.
Cuando añoramos vivencias pasadas nos parece que hay en nuestras vidas, un faltante de ese algo que se fue y que muchas veces desearíamos que aún tuvieran vigencia.
Y nos preguntamos ¿cuántos sueños quedaron atrás?
Muchos o pocos, pero están vivos, todavía se sienten, esos mismos que no se cumplieron, los que fueron quedando en el camino, los difíciles por imposibles, muchos, lejanos tal vez, pero aún se sienten, y a veces -cuántas- duelen mucho.
¿y de qué sirve que aún estén?
¿y si no estuvieran?
Nuestras vidas estarían tan vacías, que quizás veríamos que todo sería opaco, frío, indiferente, sin ninguna consistencia y la pregunta sería entonces : ¿eso es vivir?
La respuesta está en nosotros, podemos tener muchas quimeras incumplidas, eso duele, pero peor sería no tenerlas y eso sería imperdonable.
No se puede acomodar nuestro paso por la vida de acuerdo a nuestros deseos. Hay cosas muy difíciles de conseguir en nuestro diario andar, pero tenemos que seguir y seguir, sin detenernos, por mucho que nos cueste, sabiendo que todavía un mañana para ser vivido.
¡y eso es algo! Y ese algo, si realmente sentimos que está presente y lo necesitamos, es mucho, y mucho más…es todo.
Y ese todo ¿necesita ser explicado?


Más relatos en lo de Neogéminis

miércoles, 31 de octubre de 2012

DE PROBLEMAS E IMPREVISTOS



Tenemos que reconocer que muchas veces, en nuestro paso por la vida, nos encontramos de golpe con determinadas situaciones que obligadamente tenemos que afrontar.
Esas situaciones son tan variadas, tan imprevistas, tan difíciles de comprender o de asumir, que de no estar lo suficientemente preparados para sobrellevarlas, irremediablemente nos llevan a un estado de miedo y o algunas veces, a un tipo de terror, que nos asusta, nos acobarda y nos inhibe para razonar lo necesario de forma de encarar al o a los problemas en la forma correcta.
Ese tipo especial de miedo o temor tiene su origen -muchas veces- a la falta de confianza que generalmente tenemos muchas personas, tal vez por el tipo de vida que elegimos, ya que las cosas se toman muy a menudo a la ligera, nada importa, o importa poco y todo se reduce a una improvisación, con la que sólo se consigue salir del paso por el momento, sin mirar más adelante a fin de evitar que no se repitan ciertos hechos.
Distinto es el caso de todo aquel que con el mismo problema -y sin perder la calma o el razonamiento- lo enfrenta con la necesaria lucidez para resolver la situación que se presenta.
Naturalmente la cosa no es tan fácil, cuesta mucho a veces resolver en poco tiempo y llegar a una rápida solución de los problemas, pero ayuda mucho si el tipo de conducta que estamos acostumbrados a tener, no es aquella con que alocadamente se analiza todo a la ligera, es decir, improvisando y quitándole importancia a las causas que las originan.
Tampoco es fácil tener los conocimientos necesarios para sortear los problemas que se presentan y esos son los momentos en que la serenidad no debe estar ausente.
Si nos acostumbramos de a poco a prepararnos para actuar como corresponde dejando de lado los apurones que nada resuelven (y sí aumentan el mal), si también aprendiéramos que nuestra forma de vivir no debe surgir del apuro, si nuestra mente pudiera estar desprovista de ese tipo de ese tipo de actitudes -que no ayudan- todo podría ser más fácil.
¿pero cómo conseguir todo eso? No basta con quererlo, no sirve tomar decisiones momentáneas para salir del paso, hace falta mucho más y depende de nosotros y de nadie más.
¿y cómo hacer? Debemos empezar por el principio, descubrir dónde comienzan nuestras fallas, ver de apoco que los errores que cometemos son el producto del apuro con que vivimos, no debemos tomar las cosas a la ligera, debemos meditarlas, analizarlas, no engañándonos creyendo que somos inocentes de todo y que la culpa es de los otros. Debemos dejar de creer que somos únicos, no tenemos que pensar que nunca nos equivocamos al no escuchar ni ver lo bueno de los demás.
Habría mucho más, mucho, pero de a poco, despacio, para no olvidarnos de algo.
Así en forma pausada aprenderemos. El apuro en estos casos, de nada sirve.  

jueves, 25 de octubre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Colores



Hay un dicho que sostiene “todo es según el color del cristal con que se mira”.
Sucede que hay veces -tal vez muchas- que se “elige” el color del cristal con que se va a usar, o para decirlo de otra manera, nuestra versión de las cosas que vamos a decir -según convenga- puede cambiar de color.
En la vida personal de cada uno, esos “colores” se pueden modificar, cambian de intensidad, empalidecen algunas veces, otras toman una fuerza inusitada según convenga, pero así como son -inestables- no ofrecen ningún tipo de certeza y nuestras convicciones, que debieran ser las correctas, cambian y no reflejan la “verdad” de nuestras verdades.
Así, sin quererlo -o queriendo- se distorsiona nuestra forma de pensar o nuestro criterio para opinar sobre tal o cual tema y no se le da la seriedad que debiera tener.
Llega entonces el momento de acomodar nuestra opinión apartándonos de lo real y se puede llegar a lo peor -que es la mentira- ocultando una verdad que puede perjudicarnos y entonces llegamos al otro error, que es callarnos cuando debiéramos hablar y ser sinceros -como corresponde ser, y no lo somos-
La verdad nos dice que si las cosas deben ser blancas o negras, elegir el gris a sabiendas, es una falsedad.
Nuestra conducta debe ser siempre sincera y terminante, a diferencia del uso de los colores, que mezclados unos con otros, tienen muchos tipos de usos según lo que se quiere pintar, pero nuestra verdad, nuestro proceder tiene que ser puro, sin mezclar, para que seamos como debemos ser, sin medias tintas.
La verdad no tiene colores. 

más relatos coloridos, en el Daily Planet´s

miércoles, 17 de octubre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: De los libros


 

Se dice que al nacer, sólo traemos a este mundo, como única vestimenta, la piel que nos cubre.
Lo demás, nuestro cuerpo, nuestra mente, están ahí, casi sin usar.
La vida a vivir, de a poco, nos irá dando forma y nuestro cuerpo crecerá y se irá desarrollando a la par de nuestra mente, y seremos nosotros los que le demos el uso, correcto o no.
Depende de nosotros y de nadie más.
Se dice también que con el primer latido, y sin que nos demos cuenta, se nos entrega  un libro completamente invisible con todas sus hojas en blanco, de forma que queden registrados en el transcurso de esa vida que comienza, todos nuestros actos, los buenos y los otros…
Del lado izquierdo habrán de registrarse sistemáticamente y sin que lo advirtamos todo lo bueno, puro y noble que hagamos, y del otro lado -el derecho- lo otro, lo demás, lo que no tiene ningún valor ni mérito.
En ese libro, todas las anotaciones se registran por sí solas, sin nuestra ayuda, tal vez para que no agreguemos en el lado izquierdo alguna virtud que no tuvimos nunca, ni tampoco para que del otro lado -el derecho- tratemos de suprimir o corregir algún error en la “creencia” de que no fue tan malo y está escrito de más.
Pero llegará el día, inexorablemente, con el paso del tiempo, en que nos encontraremos al final del camino con toda una vida vivida, con la misma piel y con el mismo libro del comienzo… sí, pero ya no con las hojas en blanco, porque estará todo registrado del lado izquierdo y del derecho.
Es el resultado final, el momento en que una sonrisa, calma y serena, nos dirá de nuestros aciertos, o puede ser también el momento de reconocer nuestros errores, si los hubo.
Si hubiéramos sabido de antemano ese final, podríamos haberlo cambiado, pero ya será tarde, sólo nos queda pensar que todo pudo ser mejor y no lo fue y hubiéramos hecho todo lo posible para que no estuviese escrita ni una sola palabra del otro lado -del derecho-
Si debemos pedir perdón, debemos empezar ya.

Más relatos sobre libros, en lo de Rochie

miércoles, 10 de octubre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: El Teléfono



Hay veces en muchos momentos de nuestra vida por al que transitamos, que notamos que hay algo que suele aparecer de improviso en ciertas circunstancias, sin ninguna premeditación, algo así como un vacío que lastima y acobarda.
Se llama soledad.
Entonces, por alguna causa ajena a nuestros deseos, nos sentimos separados de los demás,  amigos, conocidos, familiares, y descubrimos de improviso que estamos solos, completamente solos, sin ninguna compañía  que nos ayude a seguir adelante.
Sentimos de golpe que estamos y vivimos desubicado de todo, en medio del mayor desconcierto y nos demos cuenta que ese tipo de soledad que tanto nos duele, se debe a nuestra exclusiva culpa, de tal manera que no corresponde acusar a nadie de la falta de afectos con que nos encontramos y comprendemos que no se trata de que los demás nos hayan abandonado en sus pensamientos y lo que es más importante, en su estima.
Muchas veces -cuántas!- vemos que la equivocación es nuestra y de nadie más y aunque nos cuete, tenemos que aceptarla.
Notamos de golpe, cuando razonamos, con calma, que de nuestra parte no apareció ni un momento de lucidez para comprender que somos nosotros nos hemos olvidado de hacer llegar en su momento una sola palabra de cariño y amistad a quien corresponda, de ese mismo afecto que desearíamos que nos llegara departe de los demás y que no llegó, pese a saber que nuestra amistad sigue estando intacta.
Hubiera bastado una sola cosa, muy valiosa, muy pequeña, un simple llamado telefónico de nuestra parte, nada más que eso, un simple llamado para no sentirnos culpables de nuestro desamor y olvido hacia los demás.
Tal vez hoy nos parezca que sea muy tarde para darnos cuenta, pero aún queda tiempo para corregirnos.
Hasta el camino más largo comienza con el primer paso.
¡Y cuesta tan poco cambiar!
¿O preferimos ser como fuimos y seguir cometiendo los mismos errores?



Más relatos telefónicos en lo de María José

martes, 2 de octubre de 2012

RECUERDOS DE UNA ESQUINA


San Luis y Juan Manuel de Rosas



Una mañana cualquiera. Sol. Una esquina elegida al azar, y allí, como en un imaginario atalaya, comenzar a mirar para ver en un policromo conjunto, el reflejo del diario vivir, en un incesante desfile de cosas. Cada una con su vida propia encadenada una tras otra en un continuo seguir.
Un ciclo tras otro en fantástica procesión que no deja ver ni principio ni fin a todo cuanto la compone.
¿cuántas cosas pueden verse?...es infinito el muestrario, son movidas y llevadas por un viento invisible que las desparrama, las separa y las vuelve a reunir, en la misma rutina de siempre, de todas las horas y de todos los días.
Mirando hacia un lado cualquiera de la esquina, esas cosas pueden verse entremezcladas en medio de un desorden que parecería que no tiene lógica ni sentido, porque es algo comparable al vuelo continuo de mil gorriones que se cruzan, van, vienen, pero que, observando con cuidado, se ve que todo tiene un punto de partida, una ruta prefijada y un destino delineado.
¿y qué puede verse?...por un lado, es encontrarse con la prisa tempranera matinal de algunos guardapolvos blancos que corren presurosos a la escuela en un postrer intento de llegar a tiempo, ganándole a la campana que quiere llamar.
¿y todo por qué?...por ese ingenuo e inocente deleite de disfrutar de algún minuto más en la tibieza del lecho que les dio ese calorcito tan compañero, tan amigo de su piel y de sus cortos años.
Y allá van por su camino, llenos de un querer llegar a tiempo, mientras que en sentido contrario, como contraste, el paso lento y vencido de ese anciano que por rara paradoja, desprovisto de toda urgencia, va en busca de su lugar en alguna plaza o en el sitio acostumbrado de reunión en demanda de ese pedacito de sol cotidiano que ya forma parte de él.
¿y por qué apurarse?...¿acaso no lo hizo tanto cuando fue necesario, durante una vida para cumplir con una obligación?
Pero todo se compensa. Otro, en su lugar, por rara coincidencia, más joven, quizás, pero como recogiendo una posta imaginaria, vuelve a hacer lo mismo que aquel hizo antes, años atrás, y va a su destino esbozando una mueca amarga de un cansancio que empieza a despertar y que habrá de acompañarlo por siempre hasta que llegue el momento -todavía lejano- de buscar, él también, su cuota diaria de sol.
Pero no para la vida en esa esquina, palpita en una legión de chicos corriendo en pos del alocado vaivén de una pelota esquiva que va de pie en pie, en un eterno desafío para ver quién puede sentirse su dueño y dominarla a voluntad. Gritos, un derrochar de energía y correr y correr sin pensar en otra cosa, sin ocuparse de un mañana, de ese mismo mañana que está siendo el tema obligado de esos novios que transitan entre tantas corridas y entre tantos gritos, que no alcanzan a tapar sus cuitas y sus eternas promesas de amor, ajenos por completo del resto de cuanto allí sucede. Están también, a modo de un enorme marco que rodea a todo cuanto pasa, esa larga fila de árboles que hoy pueden ver caer sus hojas como en un eterno adiós y que habrán de renovarse en su momento, en las nuevas, que brotarán verdes y lozanas para volver a ocupar en otro ciclo el mismo lugar que otra semejante vivió su corta vida antes de caer para siempre sobre las baldosas.
¿y qué no decir de esas misas baldosas, donde tantas hojas cayeron? ¿cuántos sueños nacieron sobre ellas, y cuántos murieron sin alcanzar a nacer siquiera?
¡Una esquina! Una esquina puede llegar a ser una galera mágica de la que se extraen todo tipo de personajes que parecen darse cita para reunirse en el mismo lugar.
¡la obligada barra de la esquina! ¿pudo haber alguna vez conjunto más parlanchín y vocinglero que esa barra que desgranó en la esquina todo cuanto tema fue presentándose en cada etapa transcurrida de la vida? En esa esquina que fue el segundo hogar, la primera escuela ¿quién no la integró a alguna vez? Pudo ser en un juego de rayuela o luciendo orgulloso un barrilete, fue seguir creciendo y sucederse en una extraña mezcla de cigarrillo, sueños, romance…lugar obligado de la primer cita amorosa ¡de aquel primer beso robado! Y también, por qué no, de la primer desilusión. ¿de qué cosas supo ser testigo? ¡de tantas! Si hasta pareciera que en las paredes que le dan forma quedaron grabados para siempre hechos y recuerdos que pasaron dejando su marca inalterable pese al paso del tiempo y ahí, con ella, están juntos en nuestra memoria, los mejores momentos vividos…esos que nos hacen decir de grandes ¡cuánto pudimos hacer de chicos!
Es un ayer y hoy amalgamándose en un recuerdo que no muere a través de los años, siempre vigente, que nos hace detener -a veces- y mirar en el tiempo, hacia atrás, recordando…porque no debe haber sitio que se preste más a la nostalgia que esas dos calles que se cortan formando una gigantesca cruz y que agrupan en una esquina -por la que anduvimos y pasamos- lo que no puede ser más simple…pero no por eso, menos profundo…un ayer, una lágrima y un adiós estampados como a fuego por siempre y para siempre.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: Mirada retrospectiva




Sucede a veces cuando sin querer, o queriendo, echamos una mirada al ayer que hemos vivido, podemos recordar cosas y detalles que creímos olvidados y en forma inexplicable, surgen de nuevo, como si volvieran a tener vida otra vez.
Son recuerdos que brotan de improviso, algunos gratos, alegres, risueños y también otros -muchos o pocos- que no merecerían ser revividos pero, a nuestro pesar, nos siguen acompañando permanentemente.
Muchas veces quisiéramos -de poder elegir- que alguno de ellos, los mejores, los buenos, se quedaran para siempre junto a nosotros de manera que nunca nos faltase esa sonrisa nostálgica que ha pesar del tiempo que pasó, nunca se borró y se quedó junto a  todo aquello hermoso que hubo, que ya no está y que tanto añoramos.
En esa mirada retrospectiva que hacemos, notamos que hay dos grupos de recuerdo: unos, con ciertos momentos -los malos- que no debieran estar presentes y aún están- y el otro, el bueno, ese que debiera aferrarse a nuestra piel para siempre, ese que se fue, ese mismo que pasó de largo para nunca más volver.
Por todo eso, HOY, o mejor dicho AHORA es que tenemos que tratar de disfrutar -por corto que sea- de ese AHORA para vivir lo que nos queda olvidándonos de todo lo bueno que pudo ser y no lo fue y con el pensamiento y el deseo de todo lo bueno que pueda venir si ese mañana llega.
HOY -AHORA- es lo que vale.
Lo otro, lo que quedó atrás ya fue y terminó.
Alguien dijo alguna vez:
AHORA. MAÑANA ES LA MENTIRA PIADOSA CON QUE SE ENGAÑAN LAS ALMAS MORIBUNDAS.
Es una gran verdad.
AHORA -HOY- es el momento ideal para empezar.
Manos a la obra. 

Más relatos en retrospectiva en lo de Pepe

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: TEATRO, MÁSCARAS Y APARIENCIAS



En toda función de teatro, donde se interpretan distintos tipos de obra, con el lógico deseo de que todo se desarrolle en forma correcta, hay un sinnúmero de detalles que se deben tener en cuenta para el buen entendimiento de la obra a interpretar.
Todo se estudia, se prueba, se analiza: las luces, la lectura del texto, el vestuario, de forma que el público asistente determine si fue correcto o no el espectáculo ofrecido.
Eso, en una obra de teatro, en al vida real, hay otro tipo de representación escénica, con máscaras y apariencias pero con sólo un protagonista; es alguno de nosotros, uno sólo, nadie más ...y comienza la función.
No hacen falta luces, ni decorados, ni nada más. Estamos en el escenario solos, nuestra actuación –la que mostramos- es personal.
Tenemos muchas máscaras para usar según el papel a desempeñar, según haga falta en la comedia de esa vida falsa que vivimos. Pero por suerte, conseguimos despertar de ese sueño equivocado, nos damos cuenta que hay otra forma de vivir, más simple, sin engaños, sin máscaras, sin maquillaje y sin la necesidad de aparentar cosas irreales y equivocadas ante los demás.
Debemos ser nosotros, como somos, con un solo fin, llegar a merecer el aplauso verdadero de la gente que nos rodean, testigos fieles y directos de nuestro comportamiento. Dejemos de lado para siempre las máscaras, las falsas apariencias y toda actuación teatral.
¡Así debemos vivir!
¡Como debe ser!
De otra forma es un engaño.


Más relatos teatralizados en lo de Neogéminis

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: "Ojo por ojo"



Lamentablemente nos ha tocado vivir momentos muy difíciles donde nuestra tolerancia y paciencia, más la falta de respeto hacia nuestro prójimo ha hecho posible, como cosa común y corriente, el actuar con decisiones tomadas a la ligera, que nada solucionan, y los problemas que debían ser aclarados, siguen sin resolver.
Esa forma indebida de razonar con ciertos argumentos sin consistencia, sólo ha servido para que en nuestras decisiones prevalezca siempre la ira y hasta se llega a devolver odio por odio cuando -llegado el caso- en la primer palabra que escuchamos, nos parece que hay una ofensa escondida y devolvemos “golpe por golpe” aunque nadie nos haya pegado.
Cuando escuchamos decir “si te golpean en una mejilla, pon la otra” en forma repentina brota de nuestra parte un tipo de “rechazo” que no debiéramos tener nunca y decimos cosas que no debieran decir ni pensarse.
Llega un momento en que la más pequeña frase o palabra de consuelo pareciera no tener valor, y una caricia de nuestra mano puede llegar a ser considerada un gesto en desuso, que no nos permite demostrar que sabemos y queremos perdonar si nos ofenden.
Así, con ese tipo de creencia, no se puede ni se debe seguir viviendo.
¡Así, no, “ojo por ojo, diente por diente”!
No, no y no.
Ni ahora, ni mañana, ni nunca.


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miércoles, 5 de septiembre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: RELACIONES (250 palabras)

* Si bien la consigna era comenzar con una frase determinada, me tomé la libertad de utilizarla no como inicio, sino destacada dentro del relato.



Muchas veces no nos damos cuenta de la soledad en que vivimos y llegamos a creer, equivocadamente, que la vida es solamente una sucesión de horas y días que van pasando a nuestro lado y nada dicen,
Son períodos vacíos que atravesamos y que sin darnos cuenta se van amontonando ante nuestra total indiferencia.
Son esos momentos huecos que no dejan huellas ni recuerdos, nada nos sirve, nada vale, y los días en que creemos vivir, son tan grises que lastiman.
Todo se abandona, en nada se cree, todo nos parece igual; es un muestrario de tristezas, de apatía…
Nada nos despierta el más mínimo interés y hasta llegamos a lo peor, cuando sentimos que estamos perdiendo la fe y falta poco para hundirnos en un total abandono, en todo: sentimientos, pensamientos, que nos pueden ayudar en un futuro, aunque lejano.
Hasta llegamos a sostener que el amor no existe, que es una cosa absurda y que todo es mentira.
Pero afortunadamente, algo sucede en forma inesperada, que hasta nos hace desconfiar, creyendo que es apenas una fantasía, algo irreal.
Pero después de tantas dudas y desconfianzas, aparece algo así como un milagro que nos permite ver que todo ha cambiado.
Yo pude comprobar, de golpe QUE DESDE EL MISMO INSTANTE EN QUE TE VI, SENTÍ QUE ME HABÍA ENAMORADO.
Ahora sonrío, ahora soy otro, no necesito más.
¡Te encontré! -así de simple-
Ahora soy otro.
Ahora sonrío.
Ahora lo sé y puedo decirlo a gritos ¡ya no estoy solo! Ahora somos dos.





Más relatos sobre relaciones, en lo de San

miércoles, 22 de agosto de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: Fotografía inspiradora



Hay veces, que un simple pocillo vacío de café que quedó frente a nosotros, aún en su silencio, es quien sabe más y mejor de todo lo nuestro, lo que pasó y que aún está vigente en nuestra mente.
Sin quererlo, la nostalgia que nos trae muchos momentos agradables vividos y que ya no están, se agrupan junto a nosotros y reviven cosas que nos pasaron -una y otra vez- nunca mueren…y nos acompañan en silencio.
Son ráfagas de momentos que quedaron atrás que -aunque lejanas- tan cerca las sentimos, que no se pueden olvidar.
Ese pocillo -el que nos acompaña- es el testigo fiel que sabe completamente de nuestras cavilaciones, sueños, fracasos y desengaños que quedaron grabados en ese ayer que siempre llevaremos a cuestas y en secreto.
Y pensamos, una vida resumida en un ayer que no volverá y que nunca morirá. Y preguntamos ¿puede guardar tanto un pocillo vacío de café?


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jueves, 16 de agosto de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: El calor



Hay un ingrediente especial en nuestras vidas que nos habrá de acompañar por siempre en nuestro paso por este mundo.
Es el calor de los afectos que sentiremos a nuestro lado, según los méritos que hayamos logrado, es el calor que recibimos de los demás.
Es un tipo de calor especial, el que valoramos como más importante en nuestro trayecto y si los que están viviendo a nuestro lado nos consideraran inmerecedores de recibirlo, nos sentiríamos muy dolidos.
A veces, es tan intensa esta forma de sentir que nos quita tiempo –el necesario- para medir ese otro calor, el otro, el ausente, que es tan poco importante -según creemos- que pensamos equivocadamente que su valor es ínfimo y lo destinamos al olvido. Se trata del calor que poco damos, o aún más, el que no damos a nadie por egoísmo.
Nos encontramos entonces con dos tipos distintos de actitudes, que si las pudiéramos pesar en una balanza imaginaria, nos encontraríamos con que quizás uno de los dos platillos pesa mucho más que el otro, o de hecho… hay uno que pesa menos.
¿Cuál es uno y cuál es el otro?
Si tuviéramos que entregar al final de nuestras vidas esos dos platillos, notaríamos efectivamente  la diferencia de peso que hay entre ellos.
Puede que el  afecto hacia los demás sea muy pobre, que todo lo bueno que ofrecimos al otro tuvo poca consistencia, entonces nos daríamos cuenta de todo lo correcto que debimos hacer y no hicimos.
El calor de ese afecto que debió estar en nuestras manos, no existió. En lugar de una caricia, golpeamos, y la palabra que debió ser consuelo y ayuda, ofendió.
Por eso, cuando llegue el momento de aclarar qué tipo de calor predominó en nosotros, deberíamos dejar en lo posible que nuestro corazón nos diga su verdad.
El timón está en nuestras manos. Esas mismas manos que alguna vez golpearon cuando debieron acariciar, así como también estuvieron ausentes de amor las palabras que nunca dijimos.
Por eso, para vivir, necesitamos definir una ruta y nos corresponde a nosotros elegir el sentido…y a nadie más.
Empecemos ahora, mañana puede ser tarde.



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martes, 7 de agosto de 2012

CARTA 11

Quiero confesarte en esta simple hoja de papel lo que me acompaña en secreto desde hace mucho tiempo, lo que siento, cuando estoy frente a ti.
es tanto lo que siento, que sería capaz de estar minutos y minutos dejando que mis palabras fluyan solas y te lleguen, pero hay algo que me frena y no me animo, como otras tantas veces pasó, y de nuevo el papel otra vez queda en blanco.
Lo más curioso es que, con dos palabras, solamente dos, te puedo decir lo que tengo que decirte sin necesidad de buscar frases y más palabras.
Con dos, solamente basta.
Hoy, una vez más, voy a tratar de decirte mi secreto sin omitir nada ¡ escribiéndote!
Lo que siempre me negó la voz para decírtelo, por miedo a tu rechazo, buscaré de decírtelo en unas pocas líneas, pero, como me pasa siempre, busco palabras y frases que no encuentro.
Me pregunto por qué razón creo que mientras más escribo, más grande será lo que siento y comprendo que no es así.
Te quiero decir en dos palabras, solamente en dos, lo que hasta hoy nunca pude decirte, pero como siempre, pensaba en romper el papel que estaba escribiendo, y sin darme cuenta, vi de golpe que ya había escrito esas dos palabras sin haberlo notado.
Habían nacido en mi corazón, me acompañaban hacían mucho y yo no lo sabía, pero quedaron escritas para siempre.
Yo estoy en ellas, hablándote sin hablar y diciéndote todo lo que nunca pude.
Cuando hay tanto que decir, hay veces que dos palabras bastan...
Búscalas, encuéntralas, están en esta hoja de papel. Léelas y guárdalas para siempre.

viernes, 20 de julio de 2012

CARTA 10


Después de mucho tiempo de no vernos, después de años, nos encontramos sin querer, en un sitio común ¡frente a frente!
Tuvimos que mirarnos, estábamos muy cerca el uno del otro, no podíamos disimular, no había otro remedio, aunque no quisiéramos, aunque hubieses preferido irte ¡pero no pudiste!, tuviste que quedarte frente a mí, y debiste comenzar a recordar lo nuestro ¡aquello!, es posible, yo también me vi obligado a lo mismo, sin querer.
Fue hace mucho.
¿cómo empezó? De lo más simple, nos presentaron, conversamos, coincidimos en muchas cosas y así, poco a poco, nos sentimos amigos, así de sencillo ¡así empezó lo nuestro!, y esa amistad fue creciendo con el tiempo, en mí fue afecto, cariño ¡llegó a ser mucho más!¡Llegó a ser amor!, íntegro, inmenso, como debe ser, pero de parte tuya debió ser muy frágil lo que hubo, porque se quebró de golpe, y así como nació un día…así murió.
Había aparecido algo entre los dos y se interpuso ¡separándonos!
Hubo un alguien, y lo nuestro quedó trunco, yo no lo quise, pero la decisión fue tuya, ¡y todo terminó!
Creíste que ibas a tenerlo todo, ¡convenía más!, ¡te ofrecieron más!, y elegiste, me dejaste de lado, y perdí todo, cariño, afecto, amor.
Yo solo te había ofrecido la promesa de quererte con todo el amor que había en mí, pero no debió alcanzarte ¡era muy poco!
Elegiste lo otro ¡dijiste que sí! Pero debió haber sido dicho apenas con los labios, esa palabra no debió salir de tu corazón ¡yo estaba en él! Pero pasé a formar parte de lo que se olvida, ¡mientras decías que sí!
Pero te dijeron mal, o te equivocaste, porque no te dieron todo, ¡algo te faltó! Y ahora al encontrarte, sé que justamente fue lo que yo  te quería dar aquella vez, hace tiempo. Cuando mis manos se juntaron para ofrecerte algo y no lo aceptaste porque debió parecerte que no tenía valor.
Después no nos vimos más, ¡te alejaste de mí!, ¡definitivamente! Sin darme ninguna razón, nada…fue simplemente un final muy triste y sin ninguna explicación, y no sé qué me dolió más…si el saber que terminaba todo lo que hubo, o el no saber el motivo de tu alejamiento.
Fue entonces, cuando me pregunté si el amor se vendía, ¡si tenía precio, y si se compraba!
¿Cuánto tiempo pasó? Mucho… yo terminé por olvidar, no intenté nada, ni siquiera escribirte, porque hubiera parecido que me guiaba el rencor ¡y me callé!
Hoy nos encontramos, en un lugar común, por casualidad, y empezamos a dialogar con los ojos ¡tan cerca estábamos!...sin hablarnos, solamente mirándonos, ¡y nos fuimos diciendo todo!
¿Cuántas cosas te pregunté mientras te miraba? Fueron tantas, que todas juntas quisieron formar una sola… ¿por qué?
Y mi mirada fue fija, esperando encontrarse con la tuya, pero no me miraste más, ¡bajaste la vista!...fue para mí como una confesión de tu parte…lo supe todo, ¡lo adiviné!...momento por momento, desde aquel día en que quedé de lado, cuando te alejaste.
No dejé de mirarte, pero no encontré tus ojos mirándome para decirme algo…estaban fijos en el suelo, y así supe de tu amargura, de la amargura del que sin mirar dice cuánto se equivocó.
¿qué era?...¿arrepentimiento?...¿dolor?...¿fracaso?...¿o eran las tres cosas juntas a la vez?
¡Cuántas cosas debiste sentir mientras callaste, con la vista en el suelo, tratando de negar!...pero fue imposible, sin decir nada, sin mirar… ¿cuánto supe?, ¿cuánto me dijiste?
Ahora, después de este encuentro casual, te escribo, no es un reproche por aquello que pasó…por aquel, tu abandono, ¡hace tanto tiempo que no tendría sentido!...lo hago porque vi que a tu lado había alguien tomada de tu mano…que te dijo una sola palabra..¡mamá!...Y pienso que llegará el día en que ella tenga también que le ofrezcan y alguien que convenga más…¡como entonces!
¿Qué harás si eso sucede?..¿dejarás que se equivoque?...¿dejarás que se repita lo que quedó detrás de ti?...¡No lo permitas!...¡que no tenga nunca que bajar la vista, como pasó esta vez!..¡que no elija mal!...¡que no le ponga precio a lo que no debe venderse!..¡a eso que se da, con toda el alama!...que, aunque parezca que no tiene valor, es tanto, ¡tanto!..que sin eso no se puede vivir.
Nadie lo sabe mejor que vos.
¡No lo olvides! Por eso hoy te escribo, por eso y nada más…



jueves, 12 de julio de 2012

CARTA 9

Esto que hoy escribo, debió ser dicho, elegir el momento, buscar las palabras apropiadas y decir lo que se siente, pero sentí miedo, ¡por primera vez! ...y quedé esperando encontrar refugio en esta simple hoja de papel.
Si se habla y la emoción y los nervios nos traicionan, todo cuanto tenemos que decir se reduce a un sin fin de titubeos y entonces nada vale, cuando tanto tienen que valer...
siempre creí que hay cosas que solamente se tienen que decir una sola vez, en su momento...¡hay que saber cuándo!...y cunado llega ese momento, hacerlo.
Hoy te lo digo...hoy puedo.
La vida y las costumbres hicieron que pudiera moverme a mi antojo y entera libertad en un ir y venir por cuanto camino quise, por los buenos y ¡por los otros también!...
Muchas veces ¡cuántas!, elegí los otros, fue más fácil, no costaba nada, jugaba, no pensaba, y ¿qué error!, todo por un momento que no deja nada, porque ni siquiera queda un sólo recuerdo que por bueno pueda ser rescatable.
Se llega a un momento en que viene el cansancio, la desilusión, la falta de fe, de confianza, de todo...
No se tienen sueños, ni esperanzas, nada vale porque nada cuesta, es un dejarse llevar por el ruido, las mentiras, por el engaño, y así, de a poco, va llegando la tristeza, se mira sin mirar, huecos los ojos, cansados.
Pero un día sin saber por qué, como si fuera un aviso, algo nos sacude y nos despierta, y nos damos cuenta ¡gracias a Dios!, que lo que necesitamos es otra cosa, lo otro, lo que dejamos equivocadamente de lado, creyendo que la felicidad se encontraba donde nunca estuvo y en donde  nunca podrá estar... y empezamos a pensar, a mirar, a distinguir que hay muchas cosas que antes no habíamos notado.
Fue en ese momento ¡por primera vez!..algo o algo me tocó, me acompañó empujándome suavemente y dijo algo así como "ahí", nada más que eso, "ahí"...y ahí te conocí.
Estabas sola, como distante, sin saber nada de mis cosas, ajena por completo a mis tristezas y me acerqué, estabas ¡ahí!...como esperándome, y yo iba hacia ahí...porque había estado esperándote también sin saberlo.
Te miré, me miraste, nos miramos, sin hablar, después sí, yo te dije algo...vino la primer sonrisa, después siguieron las primeras palabras y nació de este modo tan lindo, una cosa pura, limpia, cristalina, una verdadera amistad.
¡Por primera vez!
Después seguimos viéndonos, conversábamos como amigos, yo te decía algunas cosas ¡las elegía! pero pasaba algo en mí que nunca te dije, por miedo, y que ahora me animo a decírtelo: ¡me había enamorado! ¡por primera vez! y ¡sentí que te quería!
Todo en secreto, yo lo sabía solamente, nada más...no lo confiaba a nadie, quería ser yo únicamente quien lo disfrutara, aunque por momentos hubiera querido gritarlo...pero me callaba.
y por primera vez, sentí algo, una cosa distinta que me acompañaba, que me despertaba cuando dormía, que me adormecía cuando estaba despierto y soñaba, soñaba, ¡y todo por primera vez!
No sé si decirte en otra forma que te quiero, apenas sí puedo hacerlo de esta manera, pero tienes que perdonarme porque no lo dije nunca y todavía no lo aprendía a decir... aunque estuve toda una vida soñando que lo quería decir..y ya vez ¡todavía no lo aprendí!
Hoy lo sé...lo escribo para que lo sepas y lo guardes en tu corazón...para siempre.

martes, 10 de julio de 2012

PREMIO LOK@ X TU BLOG




He tenido la grata sorpresa de ser considerado para este premio. La amiga Tyrma del blog La Ventana ha tenido la gentileza de nominarme entre sus elegidos. Le agradezco mucho por considerarme y ya mismo me pongo a seguir la rueda


La entrega de este premio, supone las siguientes pautas a seguir:



NORMAS DEL PREMIO

1.- Se premiarán 7 blogs, 5 que no superen los 300 seguidores y 2 a libre elección.

1 - No me siento cómodo eligiendo sólo a algunos, por lo que se lo dedico a todos los que amablemente me pasan a visitar

2.- No podrás devolver el premio al que te ha premiado pero sí tendrás que nombrarlo y enlazarlo a tu blog.

2 - El blog que me nominó es La Ventana, de Tyrma

3.- Agradecer el premio desde el corazón de tu blog, o sea, si tu blog es de poesía con un pequeño poema, si es de cocina con una pequeña receta...(esta norma es opcional, solo persigue el fin de dar más originalidad al premio)

3- Como mi blog es de cartas, lo agradezco con esta misiva:

Querida Tyrma:
muchas gracias por considerarme para esta nominación. Me resulta un grato incentivo para continuar mi reciente actividad de bloguero.
Muchas gracias, de corazón.

4.- El blog premiado debe reflejar el último comentario que han dejado en su página.

4 - El último comentario que me dejaron, fue precisamente el de Tyrma

Dejarla volar cual paloma, que no se marchite su belleza en una cárcel dorada...es una buena técnica, nada tan fructífero como dejar marchar.
Un placer leerte.

Por cierto, encontré una camisa con tu nombre bordado...la tendía al sol en mi ventana.

Un lujo leerte, Eduardo

5.- Decir 3 cosas que te gustan y tres cosas que no te gustan.

5 - Cosas que me gustan: la música, la verdad, la amistad
Cosas que no me gustan: la hipocresía, la mentira y el rencor

martes, 3 de julio de 2012

CARTA 8


Una vez, sentí que tenía un alma y queriendo cuidarla como se cuida un tesoro, la guardé muy dentro de mí, sin darme cuenta del error que cometía.
Creía que guardada estaba más segura, a salvo de que algo o alguien la dañara e hice cuanto pude para que nadie la tocara, hasta ¡ni conté a nadie que la tenía!
Sabía que estaba sana, limpia, pero estaba prisionera, encerrada en mí, como si estuviera atada, y no me di cuenta que la pobre empezaba a marchitarse porque en un rincón de mi alma de mi pobre alma, allí en el fondo, había un lugar sin ocupar.
Yo no lo sabía entonces, y comencé a comprender, razoné y al fin lo supe. Al alma no se la puede encerrar, para ella no tienen que haber ni llaves ni cerrojos, el lugar donde se  encuentra, tiene que ser un sitio en donde pueda haber algo así como un gran portal, enorme, inmenso, para que ella pueda salir y entrar a su antojo.
Un alma con rejas, ¡no es un alma! ¡es algo muerto!
¡Ahora lo sé!
Me di cuenta a tiempo, no quise que  mi alma muriera ni estuviese prisionera nunca  más y desde ese momento, le di la libertad que siempre debió tener para que fuera donde más le gustara, libre para ir, para buscar, para volver cuando quisiera y volver a mí para contarme lo que viera.
Entonces, y sin que yo lo supiera ¡ahora lo sé!... ¡te encontró!
La primera reacción, ¿cómo fue?
Se estremeció, se confundió un poco, se deslumbró, no entendía, sólo atinó a seguirte de cerca, pasando a formar parte de todo cuanto fuera tuyo, no sabía lo que hacía, iba como una sombra, detrás, pero las sombras necesitan de la luz para poder ser sombra y mi alma no necesitó la luz para ser tu sombra. Le bastó seguirte, para sólo con eso, solamente seguirte, ver a tu persona proyectarse en ella, y confundirse las dos en una sola.
¡Ahora lo sé!
Se dejó ir simplemente donde fueras y así te acompañó, callada, sin decirte nada, sin que la vieras, eran dos cosas y formaban una sola, pero aún así, mi alma creyó que no bastaba, pensó que estaba muy distante todavía, probó de acercarse más, despacio, como con miedo con cierta timidez, sin hacer ruido, como a escondidas y ¡te tocó!...sin que te dieras cuenta ¡Te tocó!..apenas y así como el guante se pliega a la mano tomando su forma, así te cubrió, de tal manera que ya no pudo saberse cuál era mi alma y cuál era tu piel, porque estaban tan superpuestas formando una sola cosa, que nadie hubiera podido saber quién era quién.
¡Ni yo!
Todo esto pasaba sin que yo lo supiera, no imaginaba nada,  no creía ya en nada, estaba solo, porque vivía sin alma, sin mi alma, sabiendo que no vivía, en una cruel y amarga parodia de vivir.
Pero mi alma volvió, tal como fue enseñada, a irse y volver cuando quisiera, ¡y ahora volvió! ¡trayéndote!, mientras te cubría con toda su ternura, mientras te cuidaba, ¡te trajo a mí!
Hoy ya vuelve a estar en su lugar, dichosa, radiante, feliz, completa, sin nada que le falte.
Y desde ahora mi alma sabe que nunca más ha de irse, no quiere más libertad, ya no piensa en volar y vagar más por el espacio, no busca más, ya no…se ha quedado quieta, como dormida en medio de su felicidad…sabe que no tiene rejas ni llaves ni cerrojos, pero no se va, se queda otra vez en mi, su primer dueño, el mismo que una vez creyó que se moría porque su alma se le había ido dejándolo solo, pero que ahora, al saber que había vuelto y que en ella ya no había aquel lugar sin ocupar, se sintió nacer otra vez.
¡Ahora lo sé bien!
Lo sabemos bien los dos, mi alma y yo…porque ahora ya no somos dos..ahora somos tres.
Vos, mi alma y yo.

viernes, 29 de junio de 2012

CARTA 7


Quiero escribirte estas líneas para decirte que lo hago así, de este modo, cuando sé que debiera llamarte, sentarme frente a  vos como otras veces ¿recuerdas?, y hablarte diciéndote lo que hoy por cobardía no puedo hacer.
Aprovecho que escribiéndote puedo llegar a decirte cuanto tengo que decir, o intentarlo al menos, sin tener que ponerme delante de tus ojos, ¡de frente!
¿Cómo pude? Pero quiero seguir, no quiero que nada se interrumpa, quiero tratar de llegar la final aprovechando que así , escribiendo, soy valiente, mientras que, en cambio, si ahora estuviera cerca de ti ¡qué poco valdría! Porque yo ya no valgo nada, me siento como un triste despojo humano.
¿Cómo pude?
No quiero distraerme, quiero empezar desde el comienzo, cuando te conocí, cuando te vi por primera vez y por primera vez me acerqué a hablarte.
Hace de esto un tiempo, ¡yo era bueno!
Comencé a hablarte de a poco, y tu seriedad inicial se iba quebrando, empezaste a mostrar un poco de una sonrisa, un amago apenas, pero ¡ya sonreías!, y qué linda, qué fresca, qué limpia que ra…y te seguí conversando y el monólogo inicial que se dio al principio, después ya fue diálogo, después un sonreír, luego un rubor que se apareció en tus mejillas y le dio a tu cara ¡tu cara! Eso que todavía hoy, después de tanto tiempo, sigo viendo como era entonces, porque hoy, tu cara y por mí ¡ya no es tu cara!
¿Cómo pude?
Necesitaría horas y horas para escribirte, hojas  y hojas para recordarte tantas cosas hermosas como hubo, pero aunque quisiera decirte de lo bueno, ahora necesito, hablarte de lo otro.
¿Cómo pude lastimarte tanto? ¡Debo haber quebrado tu alma y desecho tu corazón! ¡tengo que haber matado tus ilusiones de un golpe, de un solo tajo!
¿Cómo puedo recordar? si hay cosas que no deben recordarse porque no merecen entrar en el recuerdo.
Pero si pude en otras cosas, tengo que poder ahora, tener la entereza de recordarme a mí mismo lo que no debiera.
¿Cómo pude? ¡Cómo te mentí, cómo te falté!
¿Por qué? Te lastimé tanto que hasta a mí, hoy me duele y no tengo consuelo ni abriéndome el pecho para gritar mi dolor ¡mi dolor! ¿y qué fue del tuyo, porque ese sí que fue dolor!
¿Cómo pude? ¡No lo sé! ¡No lo sé! Te pido perdón, no por lo que hice, no por tanto daño, eso no tienen perdón…te lo pido porque no puedo seguir más, queriendo seguir, ya no tengo fuerzas, ya no me quedan palabras, ya ni queda nada de mí.
No debí haber empezado, debe haber sido peor.
Yo te borré la sonrisa y no merezco nada de tu parte, pero hay algo que quiero pedirte sin merecerlo, porque ya no merezco nada, pero es un favor y hay favores que no pueden negarse ¡ni a mí! Te lo pido en nombre de Dios, como último recurso, en forma de ruego, es una sola palabra, una sola, pero que puede curarte quizás, aunque sé que es muy difícil y muy tarde.
¡Olvídame! No te pido nada más pero por amor de Dios ¡Olvídame! Aunque yo tenga que vivir toda una vida ¡recordándote!

miércoles, 27 de junio de 2012

CARTA 6


Siempre te recuerdo, no puedo olvidar…¡ni queriendo!
Hay muchos pensamientos en mi y necesito detenerme en ellos para ordenarlos un poco, cuando están tan entremezclados, cuando se agolpan en la forma de un ramo de cosas tan hermosas como fueron, es necesario ubicarse justo en el comienzo, y allí me dejo ir, para que empiece todo, en orden ¡recordando!
Es como una forma de querer que se repita todo. Pero si todo se repite, si se vuelve a vivir todo, aunque sea por segunda vez, nada más que por segunda vez, se puede correr el riesgo que, por repetido, pueda entrar en lo común, y aquello, lo nuestro, no fue nada común.
¿Volver a vivirlo otra vez? ¡no!
Hay cosas tan hermosas que no tendrían que suceder nunca en la vida, ni siquiera la primera vez, pero suceden y quisiéramos a veces que todo lo hermoso lo grato, debiera quedarse en ilusión, no tener vida nunca para que anda lo lastime, y para que no tenga fin. Pero no es posible: tiene que existir para que haya después un postrer recuerdo, por triste que sea, por amargo, por cruel ¡cómo el mío!
¿Acaso no es mejor recordar siempre lo que se vivió, que volver a vivir lo que siempre se recuerda?
Yo prefiero recordar, sé que la intensidad de un recuerdo como el que me acompaña desde entonces es lo que marca la grandeza de un momento que pasó, lejano, pero que aún hoy después de tanto ¡no puede olvidarse!
Hay cosas que nunca mueren, no merecen morir, se pegan a uno y se llevan consigo, como clavadas, aunque duelan, como yo te llevo en mis recuerdos, porque hay recuerdos que son comparables a eso que se llega a soñar alguna vez y que queda en eso…¡en sueños! Nada más.
Y yo tengo sueños, y en ellos te veo ¡siempre! ¿Cómo? Me parece verte como una paloma blanca comiendo de mi mano…¡esa es la imagen! ¡así se grabó en mi!¡así fuiste!¡así te sigo viendo!...comiendo en mi mano, mientras te miraba, sabía que había ganado tu confianza, te sentí llegar a mí y abandonarte sin temor, sin desconfiar, toda blanca, suave, quieta, mientras yo, callado, apenas sí me atrevía a mirarte, apenas sí respiraba cuando estaba cerca. Hubo veces que quise que mi mano libre te buscara y se acercase para tocar tus plumas blancas, pero me detuve por miedo a asustarte y  lastimarte ¡y no te toqué! ¡Nunca!
Pero después…¿qué pasó? ¿qué le pasó a mi mano, esa que te daba de comer? Debió de haberse cerrado sin que yo lo supiera, ni siquiera hoy lo sé…¡cuánto debió asustarte! ¡dejaste de estar en ella y quedé solo, con mi mano vacía! ¿Por qué?
Nunc a podré saberlo…sólo sé que ahora no soy el mismo, pasó mucho tiempo, algo me falta, lo siento, lo séy cada vez que veo cerca de mí una paloma blanca volando, mi mano quiere volver a abrirse otra vez, creyendo que te ve, en un irrefrenable y desesperado impulso lleno de nostalgia para que te acerques de nuevo a comer…como antes. Pero es en vano, ya es tarde, ya no puede ser…y quedo con el brazo extendido, solo, triste ¡Recordando!
Aparece entonces, de golpe, toda mi rebeldía, mi protesta, mi queja, y empiezo a gritar desesperado, siento que nada me consuela, aprieto los puños con rabia, reniego y empiezo a preguntarme ¿por qué tienen que existir las cosas hermosas? ¿Por qué tienen que haber palomas blancas? ¿por qué tienen que haber manos que se cierran?
No lo sé. Sólo sé que hubo una paloma blanca en mi vida que en mi mano comía, sé que una mano se cerró una vez, y sé también que desde entonces quedé solo, con una sola pregunta por toda compañía, que nada me dice pero que tanto me tortura
¿Por qué?
No lo sé. No lo he de saber nunca. Seguiré recordándote, no podré olvidar ¡ni queriendo! Y sigo preguntándome mientras creo que todavía vivo ¿por qué tiene que haber palomas blancas? ¿por qué, cosas hermosas? ¿Por qué manos que se cierran?
¿por qué, por qué, por qué?...


lunes, 25 de junio de 2012

CARTA 5


Aunque sé que es absurdo, he tratado de escribirte.
No sé cuántas veces comencé, y no sé cuántas veces rompí lo escrito.
Frases huecas que no alcanzan a decir lo que uno siente cuando se está tan solo, como yo lo estoy, porque ya no estás junto a mí como antes.
Quise y quiero escribirte pero no puedo, no sé, no alcanzo a decir nada.
Hoy comencé de nuevo. Lápiz, papel y en la impotencia de no poder hilvanar alguna  frase, quise otra vez romper la hoja que estaba todavía en blanco a pesar de tener tanto que decir. Pero la soledad me paraliza, me anula, me aniquila.
De pronto vi que dos lágrimas que se escaparon de mis hojas, sin darme cuenta, se quedaron prisioneras en el papel.
¿de dónde brotaron? ¿del corazón, del alma? No lo sé. Estaban ahí perfectas en sus formas brillantes, eran dos perlas y comprendí de pronto que mi corazón o mi alma tal vez trataban de escribir esas palabras que yo no podía encontrar ¡y qué mejor escritura que esa!
¿quién podía saber más del dolor que venían trayendo consigo?...y las dejé, sin tocarlas, en el papel…que ya no estaba en blanco, que ya no estaba incompleto esperando mi escritura.
Aquí traigo la hoja en blanco, junto con la rosa del color que tanto te gustaba,…los puse juntos para que te acompañaran…para que no estés tan sola…como lo estás ahora.
Me desprendo de las dos para quedar más solo aún desde que no estás.
Aquí quedan mi carta… mi rosa… mi beso… mi adiós.
Me voy sin nada…sólo me llevo las espinas de la rosa…¿qué pueden hacerme a mí algunas espinas más?..tengo tantas clavadas en mí que ya no siento dolor.
Me siento como ese puñado de hojas secas que el viento frío del otoño desparrama…
Yo fui el dichoso enamorado que tanto te quiso…y a quien tanto quisiste.
Hoy soy apena una sombra que ni vive…
Yo soy aquel que supo que el amor existía cuando estabas a mi lado. Hoy soy el mismo que niega que hay amor…porque no estás.
Volveré como siempre vuelvo trayendo un nuevo papel en blanco, dejando dos lágrimas amargas para que digan lo que no pueden decirte las palabras, aún aquellas que se elijen. Y dejaré otra vez tu rosa, la de aquel color que tanto te gustaba…te dejaré mi beso…y mi adiós con la promesa eterna  de volver con un papel en blanco…dos lágrimas…una flor, un nuevo beso y mi adiós.

Una Rosa Blanca


viernes, 22 de junio de 2012

CARTA 4


Decidimos los dos, de común acuerdo, separarnos y quedamos en encontrarnos otra vez para que fuera ¡la última vez!
Nos citamos para decirnos adiós y para eso fuimos: ¡a decirnos adiós!
Fuimos, nos vimos y no pudimos nada…
Cada uno de nosotros iba para decir algo, un reproche, un argumento que justificara un adiós, algo y ese algo que tenía que salir de nosotros, no salió y en cambió agregamos a lo nuestro una cosa más ¡fue un adiós que no se dijo!  Pero agregó una espina más.
Yo esperaba ver tus lágrimas, pero quedaron tuyas, en tus ojos, te mantuviste firme, sin llorar, pero fue inútil porque el dolor no se fue, y las mías -porque yo también, aunque hombre, sé que las tengo- tampoco afloraron y hubieran servido para salvarnos a los dos de nuestro error.
¿Cómo pudimos citarnos en un lugar para despedirnos?
No entiendo. Cuando dos personas no se quieren, no se citan para un adiós… basta con la separación, pero cuando buscan decirse ese adiós que tanto duele -ese que nos oprime el corazón, el “último” adiós)  es porque todavía queda ¡y mucho! de todo cuánto se aparenta querer cortar de raíz -como quisimos nosotros-
¡Y qué error! fue vernos y comprender que no podíamos ni siquiera mirarnos y decirnos adiós… aunque fuera solamente adiós, para darnos después un apretón de manos tal vez y nada más, luego detrás el olvido.
¿Pero por qué no pudimos nosotros?
Nos pusimos frente a frente, primero el silencio, un silencio muy largo…demasiado…ya era demasiado porque nos destrozaba. Cualquiera hubiese preguntado la razón y nadie hubiera sabido, pero nosotros ¡sí la sabíamos!
Después vinieron algunas palabras, algunas de ellas sin sentido, como quien disimula o quiere distraerse o desviarse del tema, pero fue peor…volvíamos otra vez al silencio que no decía nada -aparentemente-¡pero lo estaba diciendo todo, de nuestro común error, de nuestra equivocación, de nuestro enceguecimiento!
¿Cuánto tiempo estuvimos juntos sin hablar o hablando de nada? Mucho tiempo…y no nos dimos cuenta ya que caminábamos y llovía, apenas una llovizna, que entristecía más la amarga escena que estábamos viviendo. El tiempo lloraba por nosotros, por nuestra separación.
Me pregunto ahora ¿cómo no te retuve? bastaba tomarte de la mano…¡y no lo hice!...y me pregunto también por qué no me dijiste que no me fuera… ¡cómo te hubiera abrazado! Pero no lo hiciste…y nos fuimos los dos, cada uno por su lado, de vuelta cada quien a su camino, sólo los dos, heridos los dos, tristes los dos, arrastrando a cuestas, los dos, otra vez, el mismo penar del principio.
¿Por qué? ¿Es posible que hayamos podido ser tan ciegos?
Ahora ya estamos lejos el uno del otro, en cierto sentido, en lo físico, en lo material…pero hay algo que no se alejó del todo y que todavía está, aunque a penas llegue a ser algo…¡siendo tanto!
Lo llevamos dentro, no lo hemos podido sacar ni cuando decidimos vernos por última vez para aquel adiós que no fue y que de haberlo dicho, hubiera desterrado de nosotros, lo que hoy, se aferró más.
Ahora de nada sirve llorar, ya es tarde, demasiado tarde…

jueves, 21 de junio de 2012

CARTA 3


Hay amores que lo tienen todo. Todo se comparte, desde la primer mirada, cuando nace y se transmite, hasta cuando se vuelca y se da de una sola vez, en perfecta comunión.
Como es un don que recibimos al nacer, está dentro de nuestro corazón o de nuestra alma, porque alma y corazón, corazón y alma, pueden ser la misma cosa, tal vez porque así lo dispuso Dios.
Ese amor está adormecido algunas veces, no comenzó a florecer todavía, otras veces está puro, porque no alcanzó a despertar y está sano aún, otras se encuentra pleno, lleno de vida, y al no tener lugar donde morar, sentimos que empieza a rebalsarnos, busca irse en post de ese otro que tiene que llegar en su reemplazo, ya que siempre necesitamos uno: el que teníamos antes de que lo diéramos, o el ajeno, cuando hicimos el cambio.
Pero hay veces, que nos damos cuenta de pronto, que dimos el nuestro sin saber, sin quererlo, se nos fue!
Él elige, manda, no admite órdenes de nadie, no le podemos decir que vaya hacia aquel lado o hacia el otro, no obedece, busca por su cuenta, encuentra a lo que quiere y se refugia en el lugar donde encontró el calor que le faltaba para seguir viviendo, y nos damos cuenta -de golpe- al reaccionar, de que no debió ir a dónde fue, de que en ese sitio no puede ser ¡está prohibido!
Tratamos de llamarlo, razonamos, le hablamos, le pedimos que vuelva, tratamos que comprenda que ese no era el lugar correcto, y no nos escucha.
Le gritamos, le queremos ordenar, a veces llegamos a la súplica, le decimos que ese sitio es imposible, y aún así, nos oye pero sigue estando donde no debió ir.
Sentimos como una impotencia, como un abandono, como un querer huir, escondernos, escapar, pero no podemos, algo nos ata, algo nos inmoviliza, seguimos viéndolo, nos mira como queriéndonos decir que encontró el lugar justo que necesitaba, volvemos a decirle que no, que no puede ser, que no tiene sentido, que es una locura, que es irrazonable, pero tampoco…
Se nos fue, nos dejó solos, y comienza nuestro padecer, nos falta algo que ocupe su lugar y con pena vemos que empieza a anidarse en nosotros el temor. Aunque no tengamos culpa, buscamos silenciar ante los demás su fuga ensayamos una disculpa como intentamos convencer a nuestra conciencia que no tenemos nada que ver, pero seguimos sufriendo, nada sirve ya, sólo nos quedan suspiros, tristezas, un sabor amargo. Ya no vivimos, apenas parecemos una cosa, algo sin vida, algo hueco, algo frío, indiferente.
Pero ¡cómo lo miramos! Quisiéramos odiarlo, no verlo, y no podemos apartar nuestro pensamiento de él, nos gobierna, nos esclaviza, nos castiga, nos hace llegar hasta las lágrimas, lo detestamos.
Si pudiéramos golpearlo, lastimarlo, torturarlo…lo haríamos con gusto, pero no podemos. Hay algo más fuerte que nos frena y como consuelo decimos ¡buscaremos olvidar, de a poco, sin que nos demás cuenta! Pero no, estamos aniquilados, destruidos, casi muertos y sin fuerza, y a pesar de todos alcanzamos a murmurar: ¡Bendito amor!
¡Cuánto sufrimos porque sabemos que no puede ser!, pero ¡Bendito amor!
Lloramos, ya ni vivimos, no somos nada y como si fuera lo último que vamos a decir en la vida, repetimos otra vez, como un rezo ¡Bendito amor!
Y así y todo… todo, un amor imposible, nada más…pero ¡Bendito amor!