
Tengo una historia para contar. Se me ocurre que puede
suceder en una playa, no importa cual.
Sólo necesito pedirle al mar un poco del agua que por
momentos llega a la orilla donde está la arena esperándola.
Ya tengo dos cosas importantes, agua y arena, son los
materiales que necesito, sólo me falta que la criatura que voy a crear y que
está en mi mente, tome vida, como mi fantasía lo quiere.
El resultado de mi obra es perfecto. Tiene todo, no le
falta nada. Su figura, su porte, todo, lo mejor de lo mejor, está reunido en
una sola cosa: su cuerpo perfecto.
Sólo falta darle vida y comienzan los problemas ¿cómo
quiero que sea? ¿Suave, amable, cariñosa, sencilla? …y la búsqueda sigue. Pienso
que por olvido algo puede faltar .
Hay momentos en que creo que está completa pero aún
así, tengo dudas. No sé qué, pero le falta algo.
Y la duda sigue ¿qué me olvido de agregarle? -me
pregunto- y sigo pensando y pensando.
Hay momentos en que quiero suspender todo, porque
estoy seguro que algo falta y no sé qué. De pronto me doy cuenta del error que
cometí. Había elegido lo mejor de todas las cualidades para que fuera perfecta
y me olvidaba de lo principal.
Ahora lo sé, de golpe me di cuenta que no le había
puesto corazón, y cuando lo comprendí, aquello que tanto soñé, era una figura
sin vida, fría, que nada decía.
Después recuerdo -ya más tranquilo- dónde estaba el remedio
y en la forma más sencilla, suavemente emití un soplido leve, como un suspiro,
y noté que cobraba vida. Sonreía y me parecía que me decía -¡aquí estoy,
esperándote!-
Desde entonces, no busco más, ya no hace falta. La siento
junto a mí y no necesito decirle que me acompañe.
Soy yo quien ahora el dice las mismas palabras ¡aquí
estoy! Y le agrego ¡te busqué tanto!
Ahora somos dos.
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