Mi imagen inspiradora
En todos
los mares del mundo, hay amaneceres y hay
ocasos.
Si pudiéramos
dejar registrado el momento en que eso sucede -una fotografía, por ejemplo- no
podríamos saber si el sol está apareciendo o si por el contrario, está ocultándose
en el horizonte.
Son preguntas
inocentes que podríamos hacernos y lamentablemente no tendríamos la respuesta.
Son dos
cosas distintas y a pesar de ello, confunden hasta el punto de no saber cuál es
uno y cuál es otro.
Notamos que
en nuestra vida sucede algo mucho más definido.
Hay un
momento en que nos parece ver en esa foto que algo comienza, el principio de
todo aquello que vamos a vivir -aún desconocido- pero que irá desarrollándose
de a poco, minuto a minuto, sufriendo leves cambios.
Nadie sabe
cómo sera la transformación, lo iremos descubriendo de a poco, día a día,
momento a momento, hasta llegar a ese ocaso -también desconocido- en el que quedará registrado nuestra propia
evolución.
Puede ocurrir
que pensemos que si supiéramos a tiempo el resultado final, podríamos corregirlo para que nuestro paso por el mundo
resultara incuestionable.
Pero sucede
que Aquél que planificó nuestra vida, prefirió que todo fuera de otra manera, es
decir, que nuestro proceder fuese el resultado de haber sabido distinguir en su
momento una cosa de la otra, para llegar a ese final, el ocaso, habiendo aprendido
cómo debe ser nuestra conducta en nuestro diario vivir.
Nos queda
una última reflexión, hay un tramo a vivir desde nuestro amanecer hasta el
ocaso final y nos corresponde a nosotros -solamente a nosotros- definir su
desarrollo.
Sabemos que existe un principio y un final, lo
que suceda entre uno y otro es obra nuestra. Pedimos a Dios que no nos
equivoquemos cuando elijamos la ruta a seguir.
Más relatos en lo de Gaby
Muchas gracias Gaby por la original presentación, y gracias a Pepe por la imagen inspiradora!
Muchas gracias Gaby por la original presentación, y gracias a Pepe por la imagen inspiradora!