Una vez se
me ocurrió pensar que para entendernos mejor y poder expresarnos con los demás
como debe ser, sería imprescindible unificar los idiomas que actualmente están
en uso, dejando solamente uno.
Comprendo que
dada la enorme cantidad de ellos que existen en el mundo, conseguir que
prevalezca solamente uno, es muy difícil.
¿y cómo
hacerlo entonces?
Sería necesario
elegir entre tantos, uno solo, pero tengo la impresión que nadie, tal vez, tendría
la voluntad necesaria para renunciar al suyo y aprender a valorar el que resulte electo.
Después se me
ocurrió una idea un poco rara.
¿Por qué
molestarnos en cambiar el idioma que cada uno uso y no tratamos de modificar primero
la forma de pensar como tenemos por costumbre, en muchos casos?
Es posible
que la lista de cosas que precisamos que se cambien sea enorme. Pero debiéramos
probar hacer una selección muy simple, por ejemplo –esto sí, esto no- pero así
y todo, aunque pudiéramos hacerlo, el trabajo que nos demandaría sería muy
complejo, debiendo invertir mucho tiempo.
Me pregunto:
¿qué nos queda por hacer?
Al final, me
parece que no sería necesario cambiar los idiomas con tanta urgencia, ya que considero
que hay muchas cosas en nosotros que necesitarían ser renovadas y mejoradas con
antelación.
Bastaría con
que cada uno suprimiera un error de los tantos que podemos cometer para que
llegado al final de esa “limpieza” sólo quedara más de lo “bueno”.
Somos tantos
en este mundo los que podríamos colaborar, que tengo la seguridad que no
quedaría casi nada malo por combatir y podríamos entendernos mejor.
De esa
manera tal vez habríamos descubierto una nueva forma de razonar. Solo queda
probarlo.
Más idiomas, en lo de Juan Carlos





