(Texto escrito hace tiempo y adaptado para esta convocatoria bloguera)
Me habían prometido un obsequio
y me dieron, anticipadamente, muchos
detalles del mismo. Sabía antes de recibirlo que se trataba de una jaula
finamente trabajada, toda una verdadera obra de arte. Efectivamente, días
después llegó el regalo esperado. Podía verse que quien la había fabricado no
escatimó ni tiempo ni esfuerzo para hacerla. Era todo un lujo…lo que se dice
una verdadera obra de arte.
Era amplia, con bebederos
artísticamente trabajados, para colocar los alimentos se había hecho un estudio
previo, aunque simple, para que en cada rincón no faltara comida. Todo estaba
calculado, cosa por cosa, aquí para el agua, del otro lado y a distinta altura,
travesaños como para que la vista desde adentro tuviera distintos ángulos de
enfoque hacia afuera. Hasta el piso lucía…todo brillaba…marco perfecto para
acompañar la otra maravilla: se trataba de un pájaro cantor que, según me
dijeron era algo fuera de serie…y realmente lo era…pues yo había podido sentir
un verdadero goce al escuchar los mágicos trinos que a cada momento emitía.
Se me había dicho que colocara la
jaula en el lugar más agradable, donde no faltaran los rayos de sol.
Elegí el mejor sitio, el mejor de
todos para lucir la jaula y a la vez, el mejor para que el ruiseñor disfrutara
del lugar y así cantara más dulcemente.
No pasó mucho tiempo para
comprobar efectivamente lo maravilloso
del regalo recibido. Sin duda había encontrado el lugar perfecto para que aquella
ave regalara sus trinos con generosidad y belleza. Era música pura…por momentos
cambiaban sus tonos, algunas veces seguidos, otras, espaciados, pero la melodía
era siempre hermosa…con escalas ascendentes y descendentes…un verdadero
deleite.
El pájaro cantor era parte de
aquella jaula hermosa y a la vez, la jaula tan bellamente trabajada
correspondía ampliamente a los méritos de su ocupante.
Me sentí obligado a agradecer ese
obsequio de inmediato, tratando de encontrar las palabras correctas para
expresar tanto mi agradecimiento como mi deleite. No quería que pasara
desapercibido ningún detalle.
De pronto, y no sé cómo, tuve un
pensamiento absurdo, hasta ridículo…algo que no podía explicar…creí percibir
que el aire que había dentro de la jaula no era igual que el de afuera, algo lo
hacía diferente…
Por dentro, el aire de la jaula
era encierro, por fuera, el aire resultaba ser libertad. Un pensamiento si se
quiere subjetivo, pero lo sentí muy real.
Luego, no sé cómo, me olvidé del
agradecimiento, de la obra de arte de la jaula, del goce que sentía cuando
escuchaba los mágicos trinos, de la emoción que me provocaban…
….
Ha pasado un largo tiempo…hoy en
casa, en el lugar elegido donde antes había colocado la jaula, todo es
distinto…el aire de afuera y de adentro ahora resulta ser el mismo, no hay
diferencia.
Después de mucho meditar, tengo
una duda y me pregunto ¿cuándo me sentí realmente feliz?...¿cuando me
anunciaron el regalo?...¿cuando lo recibí?...¿ahora?...porque recuerdo que esa
maravillosa jaula, entre tantas cosas, tenía una puerta…y yo la abrí…
Hoy la jaula sigue estando en su
lugar, los rayos de sol también…los trinos del ruiseñor los sigo escuchando de
lejos…de muy lejos…pero tienen algo distinto…mejoraron mucho y me pregunto por
qué…¿será por la puerta que ya no está?